martes, 2 de abril de 2013

3: Ciudad Cantante.

Irene estaba sentada en el asiento del copiloto de un Mercedes de última generación. "Anda que no vive bien, este Poul."
- ¿Sabes a dónde vamos? - pregunta de repente éste.
- No. Esto es de locos. Llega a mi instituto un señor el día de mi cumpleaños y me dice que me tengo que ir con él a "otro país" - esto último lo dice haciendo comillas con las manos - Busco el apoyo de mis amigos y me dicen que ellos te conocen que no me vas a hacer daño y, para colmo, ahora resulta que la magia existe. -
- Con un no me habría bastado -
Se pasan el trayecto quietos, callados. Y no es el típico silencio agradable que da paz y relaja. Es un silencio incómodo. Un silencio que parecía inquebrantable, eterno.
- Hemos llegado - habla por fin Poul.
- Estás de broma - responde Irene - ¿Este es tu país?
Ante la pareja sólo se encuentran árboles, árboles y más árboles.
Poul saca de su maletín un palo de madera, lo único que era más alto y robusto. Lanza unas extrañas palabras al aire y, como por arte de magia (nunca mejor dicho) se abre un portal, como los de las películas.
- ¡¿A qué estás esperando para pasar?! - grita como un loco Poul - ¡Corre o se cerrará y ya no podremos entrar!
Todavía anonadada, Irene pasa con firmeza el extraño agujero. En sus ojos sólo se refleja una luz fuerte y blanca durante unos segundo. Más tarde, el dúo se encuentra en lo que perece ser una gran oficina. Está repleta de pequeñas criaturas orejudas y feas que incluso llegaron a espantar a Irene. La atractiva chica estaba muy asustada y extrañada.
- Vamos a mi despacho y hablamos más cómodamente - Poul interrumpe los pensamientos de Irene - Sígueme.
Irene camina detrás de Poul. Atraviesan largos pasillos adoquinados con brillantes baldosas. En la pared se encontraban pequeños candelabros que iluminaban la estancia suavemente. Pasan por una ala, en la pared hay unas grandes cabinas telefónicas. Hombres corpulentos, parecidos a Poul, se introducen dentro, marcan una combinación de números y... ¡boilá! DESAPARECEN.
- Por aquí fui yo hasta tu instituto, pones la combinación que corresponda a la cabina más cercana que está de tu destino y apareces allí. Recuerdo que cuando empecé me equivoqué de combinación y aparecí en España, en las Palmas de Gran Canaria. no sabía la combinación de Ciudad Cantante, así que me quedé allí hasta que mi maestro vino a rescatarme - relata Poul, parado en la gran estancia.
Irene penaba. "Poul es más simpático de lo que parece. En las series de televisión se representa a los jefes cascarrabias como él. Es un prototipo equivocado."
Por fin, llegan al despacho de Poul. Está escrito en la pared: "Despacho del señor Poul Fernández"
Poul vuelve a sacar la varita, vuelve a anunciar las palabras, y, de nuevo, ante ellos se encuentra un portal. Irene lo atraviesa, ahora sin miedo. El despacho está decorado de una manera antigua, pero elegante, digamos vintage. En un estante se colocan muchos trofeos, y, en otro, bonitas varitas cuidadas. Irene, embelesada, observa todo con detenimiento.
- Siéntate - vuelve a interrumpir Poul.
- ¿Dónde estamos? -
- En Ciudad Cantante. Es un país de criaturas pequeñas. Si te adentras en el bosque se puede escuchar el crecimiento de los árboles, se oye cada raíz, cada rama. De ahí el nombre. La ciudad se ve amenazadas por las criaturas de Escobia, los escobianos. Son brujos y brujas mucho más poderosos y fuertes de los cantores. Por eso estás aquí, necesitan una reina. Un espíritu joven que sea capaz de luchar. Tus amigos. Cristina, María, Jesús e incluso Javier me conocen porque son un clan para ayudarte a vencer a los escobianos.
- No, no pienso hacerlo, es una locura. Primero, no sabía que la magia existía hasta hoy. Segundo, NO QUIERO MORIR.
- Por favor, hazlo por ellos, te eligieron porque confían en ti, no les defraudes.
Irene se lo pensó durante unos minutos, minutos que transcurrieron en silencio.
- Está bien, lo haré - dijo por fin.
- Genial. Prometí darte un regalo por tu cumpleaños.
Poul se levanta. Del estante de las varitas, coge una muy brillante que parece de plata, y esta vez la emplea en la mesa. Sobre ella aparece un pequeño dragón.
- Este es tu regalo. Es un pimklin, una criatura que protege las varitas de los magos.
- Pero... yo no tengo varita. Y tampoco se utilizarla.
- Por ahora... -
Poul da un giro a su varita de madera y de repente de encuentran en un callejón oscuro, en el que también están todos sus amigos y Javier. Está parados en la entrada de un comercio.
                                                               

1 comentario:

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PD: ¡He quitado la verificación dichosa!